Todo se coloreó
no era la llegada de la luz
ni el grabato de una ñuz
era la llegada del color
ke debilito a la estrella mutante
y pude escapar.

La pekeña niña 1565 caminaba entre multitudes de cadáveres en putrefacción en busca de su muñeca de trapo, buscando a sus amigas del barrio, buscando su principe azul. Su madre simpre cariñosa con ella, la peinaba todas las noches dándole consejos y motivos para soñar con estrellas, enseñándole como era el mundo de afuera con palabras delicadas ke al roce con sus oídos de orkidea en primavera florecian ante su voz.